Karl Marx
Nació el 5 de mayo de 1818, en el 664 Brückergasse de Tréveris (Trier), ciudad que entonces formaba parte del Reino de Prusia (hoy Alemania).
Fue el tercero de los nueve hijos de Henrietta Pressburg y Heinrich Marx, un abogado judío liberal, que se convirtió al protestantismo junto con toda la familia para eludir las limitaciones de una legislación antisemita. Karl fue bautizado en una iglesia luterana en agosto de 1824. Su abuelo materno fue un rabino holandés, mientras que por línea paterna hubo rabinos en Tréveris desde 1723. Karl se convirtió en ateo y materialista, rechazando tanto la religión cristiana como judía. Fue él propio Marx quien acuñó el aforismo "La religión es el opio del pueblo". Su progenitor fue el primero en recibir una educación laica; se convirtió en abogado y fue relativamente rico.
Doctrina de Karl marx

padece una brutal ofensiva hegemónica del imperialismo en su modelo neo-liberal globalizador, para profundizar la más desenfrenada explotación de los seres humanos; para aumentar en especial el cautiverio y la miseria de los trabajadores y de sus familias; para enajenar, humillar y conducir a la ruina a los pueblos débiles; para promover los extravíos humanos, degradar la educación y la cultura; para pretender liquidar la soberanía de los Estados nacionales; etcétera, es necesario y urgente que se renueve en nuestra época, en el mundo unipolar, la práctica del movimiento revolucionario mundial, pertrechado con la plena comprensión de la doctrina marxista, como guía para la acción, como instrumento de combate, para orientar y fortalecer la lucha contra la esencia agresiva y explotadora del imperialismo, que bajo la presión de sus fuerzas más reaccionarias prepara nuevas "agresiones terroristas" contra los pueblos débiles, impulsa de nueva cuenta una economía militarista y espolea, otra vez, la carrera de los armamentos.
La doctrina de Marx no envejece, pues su unidad orgánica con los requerimientos del desarrollo social, con los intereses de la clase obrera, de todos los trabajadores y, al fin y al cabo de toda la humanidad progresista: he ahí la fuente fundamental de la fuerza inagotable de la doctrina de Marx, de su permanente actualidad.
El presente y el futuro son objeto de la constante preocupación de los comunistas del mundo entero. La doctrina de Marx y su metodología dialéctica exigen que las cuestiones se planteen en un plano histórico, sin limitarse a una explicación del pasado, sino previendo además sin temor el porvenir, realizando con optimismo y audacia una actividad práctica encaminada a hacer realidad la previsión de las perspectivas reales del futuro.
Para ello, es ineludible aplicar con sentido creador la doctrina de Marx y comprender a fondo su base científica.
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